lunes, 19 de octubre de 2009

Hola che 11 - 19 de octubre 09

Casa.
Me mudé. Nos mudamos.
Parte de la familia anterior partió, despedidas mediante, y la otra parte se mudó a un nuevo hogar, nosotros. Ahora vivimos cerca del jardín botánico. Vivimos Gi, Diego, Guille, Noe y yo. Reorganización digamos.
Mi casa es muy linda. Tiene un par de habitaciones y todo lo demás que suelen tener las casas, no es muy grande pero si muy bonita y algo fría. Ella está en medio de la colina; pasa que esta ciudad tiene colinas por todos lados y por ende casas por todas las colinas. Bueno, en una de ellas está esta. Somos los de la colina de arriba, desde allí veo como vive mi ciudad, como respira y se acomoda. La veo desperezarse y acurrucarse para irse a dormir.

A mi alrededor hay verde. Verde por acá, verde por allá. En un barrio de casas hermosas y de subidas compartidas. Los senderos nos comunican y nos cruzan, senderos entre árboles y calas silvestres, entre más casas y muchos peldaños. Como un laberinto de esperanzados caminitos que gustan de subir y de bajar, que gustan de mezclarse y de tejerse.
Y vivo tan en la ladera que hay que subir, y de lo lindo, para llegar cansando y hambriento. Y además de peldaños que osan desafiarme a la salida de mi trabajo, en las laderas de mi casa me esperan, entre tantas plantas, perejil. Así que apenas llego siempre lo hago con un ramito para el almuerzo.
(Aunque secretamente me fijo si no crecen bifes. De esos, de los ricos y jugosos con un poquito de pimienta negra).

Trabajo y Ciudad.
Sigo trabajando en Bordeaux Bakery, y a veces me pregunto cuanto falta para jubilarme. Más allá de eso, Julia se fue de vacaciones y me dijeron que la cubra. Ella hace sándwiches, 200 de ellos, si, como no, dije yo. Pero pasa que Julia trabaja en horarios no muy habituales, la muy pobre Julia trabajaba de 4 de la mañana a 12.30 del mediodía…
Así que ahora mi vida ha cambiado. Otra vez. Al menos por dos semanas y media. Me levanto 3 de la mañana y me voy en bici, o bien, caminando hasta mí trabajo.
Y cuando me desperté a la mañana tan temprano, o a la noche tan tarde y caminé por encima de mi ciudad dormida lo hice muy despacito, para no hacerle cosquillas, para no despertarla. Hasta traté que mis pasos sean caricias y no cosquillas, para que siga soñando lindo.
Y por primera vez conocí mi ciudad a las tres y media de la mañana. Digamos, saliendo en vez de volviendo. Y caí en la cuenta que la gente que vaga a las tres y media de la mañana son o borrachos o panaderos.
Y levantarme a esa hora me despertó un extraño sentimiento de responsabilidad, aunque me levanto tan temprano que ni siquiera tengo ganas de hacer pis. Es que mi cuerpo ni tuvo el tiempo de crearlo.

Y doy fe que las anchoas a la madrugada son intratables, como la cebolla roja y como Mumm-Ra el inmortal.

Desde la ciudad donde las banderas siempre flamean, desde la ciudad donde Eschoyez diría en su pronostico extendido sol toda la semana, desde la ciudad que tiene subidas y bajadas, que tiene pasadizos secretos y que tiene ascensores para ir de una calle a otra, desde mi ciudad aquí les escribo.

Cruda realidad.
Mi ciudad tiene muchas montañas y también mucho viento. El ir a trabajar en bicicleta está clasificado como deporte extremo, salir a las tres y media de la mañana por medio de la montaña con vientos huracanados está clasificado como deporte requete extremo.
Así, se dan varias combinaciones, a saber: 1. En bajada y con viento en contra. Es más o menos equilibrado, es decir, es como andar por la planicie, pero nada que ver. 2. En subida y con viento en contra, metete un tiro. 3. Cuesta abajo, con viento a favor y con la bicicleta sin frenos, eso si que es un deporte para los x-games, y Pastrana que lo mira por tv.

Otro de trabajos temporales.
Y ahí estaba, otra vez en el hotel Duxton preparado para sudar. Con dosis extra, pero siempre insuficiente de desodorante, fui. Las mismas caras de ojete de siempre características del Duxton. El entorno de trabajo era, esta vez, una entrega de premios de arte maori. Así que, ellos por todos lados. Artistas maories.
El salón era violeta. De buen gusto y pomposo. Era enorme como siempre y esta vez brillante como nunca. Todo relucía, con la luz justa, casi mágico.
Se esperaban más de 400 personas a cenar y yo era mozo (buen). Dejó de gustarme. Darle de cenar a 400 personas en un evento a todo culo no era la idea que me había hecho. Estuve a punto de tomarme la papa alegando dolores en algún lado de mi cuerpo, pero sabía una cosa: si estas con miedo te caes. Me lo enseño una montaña blanca. Así que me quedé. Casi desafiando.

Los invitados empezaron a llegar y ahí me di cuenta que lo de maories no era joda. Eran maories de los de verdad, de esos que hacen el haka y se tatúan. Parecían sacados de tribus, en cierta forma lo eran, grandotes como solo ellos pueden ser, inmensos. Las mujeres también, gigantes, gordísimas, iguales a los hombres (en todo sentido (bueno, en casi todo)). Todos ellos con tatuajes, tan característico de su cultura. Tatuajes en todo el cuerpo, tatuajes en la cara y los labios. Con arabescos. Con colgantes de pájaros, seguramente de plata, de esos, ancestrales. De leyendas.
Pelos ondulados, peinados despeinados y algunos que otros con plumas en las cabezas y una postura poco diplomática. Parecían nativos, claro, lo eran. Mucha gente grande, hasta viejos, con aire de sabios, de jefes de tribus y saludándose como solo ellos lo hacen, apoyándose las narices y moviéndolas para que se rocen.
Engullían, tomaban como pocas veces, como todas las veces.
El evento en si fue muy interesante, entre entrada y plato principal, veía los números con los que fueron premiados, canciones que parecían himnos. Entre servir vinos y jarras: cantos de tribus, con hakas entremezclados, de lenguas desconocidas pero que seguro hablaban de guerras, de mitos y de danzas.
Como una reducida hermandad que pretende vivir, como ellos mismos, no como señoriítos ingleses, sin té, sin blancas pieles. Tan solo amando la tierra, haciendo honra a las leyendas, en su tierra legítima, con sus costumbres e idiosincrasia, despreocupados y toscos, lejos del mundo, en una isla salvaje e inhóspita.


En el mismo hotel, el maldito Duxton, clavé otro trabajo temporal una semana después. Fui a otro evento de mozo. Esta vez era una entrega de premios a la gente de la construcción vial. Esta vez el salón estaba vestido de gris neutro, igual que los invitados, con trajes. Aburridos, monótonos, duros y derechos, grises, como el pavimento.
El violeta se había esfumado, mágicamente. Era otra vez el Duxton y su gente, sin magia ni fantasía.


Ambicioso de dinero fui otra vez al Duxton. Él es como una caja de sorpresas, nunca sabes con que te vas a encontrar, cosa que secretamente me seduce. Fui. Y esta vez me tope con una cena de gala de militares. Había sido una conferencia de varios días de Defensa Nacional y esa noche era el cierre. La gente esta vez se vestía con trajes negros y algunos de verde pardo, algunos otros de azul mar y otros de azul policía. Los verdes y los azules llevaban sus insignias y condecoraciones, orgullosos, presuntuosos. Los de negro, que eran la gran mayoría, se camuflaban como acostumbran hacer, como ahora no había arbustos y esas cosas se camuflaban entre ellos, entre las alfombras, entre las mesas y las columnas. Siempre de caras cuadradas y pelos rubios, blancos, orgullosos, anchos y jactanciosos.
Vanidosos de sus asuntos, del evento y de sus stands, con fotos de tanques, de balas y de chalecos antibalas, de aviones y de defensa antiaérea, de buques, de submarinos, de misiles, de equipamiento militar y todas esas cosas que gozan de matar. A mi no me gusta la gente que gusta de matar. El mundo seria otro sin estos.

All Blacks.
Recibo un mensaje de texto: “BIG GAME AT STADIUM THIS SATURDAY 19/09, I need BARTENDERS Start @5:00-12pm and WAITERS @4:30pm. please Reply ASAP with NAME & POSITION Westaff”.
A lo que respondí “ok, i will go. matias planas, waiter”. Sencillo y en minúsculas.
Así que próximo sábado, a laburar de mozo al estadio me dije. El sábado me levanté molido por demás y no tenia fuerzas para ir. Pensé: voy muy a pesar mío, me tomo el 40, me bajo en la Railway Station, camino por la rampa hasta el estadio, entro, me pongo el corderoy negro, me chequeo, me dicen que con ese pantalón no puedo trabajar porque tiene que ser de vestir, reniego un tanto, me echan y me voy simulando cara de no feliz, de camino a la salida desvío a las gradas, espero un par de horas y veo el partido, sentadito y gratarola. Era un plan perfecto.
Así que puse en marcha la técnica del pantalón sucio. Fui muy a pesar mío, me tomé el 40, me bajé en la Railway Station, caminé por la rampa hasta el estadio, entré, me puse el corderoy negro, me chequeé, y no me dicen nada del pantalón. Mientras hablo me miro el pantalón para evidenciarlo pero nada, me paro en pose extraña para que lo vean, nada, ya nervioso me rasco las rodillas y entrepiernas para que no haya dudas de lo incorrecto de mi pantalón, pero me dan un delantal largo y me truncan todo el plan. Me cambié muy a pesar mío y me fui a trabajar semidepresivo. Otra cena a todo culo, con copas y muchos cubiertos. Esta era en el cuarto piso, desde los palcos. Mi trabajo, esta vez, era muy sencillo y además había muchos mozos colegas, por lo que después de largo rato me percaté que, en el solo hipotético caso de que me fugue nadie se daría cuenta. A vivo vivo y medio pensé, y nadie se mete con la técnica del pantalón sucio dictaminé. Me fui a la punta, me camuflé con los invitados y vi el partido tranquilo, como un campeón. Partidazo. Ganamos 33 a 6 a los Wallabies de Australia por el Tri Nations. Partidazo como ninguno.

Y mi primo Ma'a Nonu, el 13 de los All Blacks clavó un try digno de mueble, se llevó puesto 5 giles de esos amarillos como los canarios colgados de las pantorrillas y apoyó el fulbo del otro lado de la línea. Trysazo primo.

Y hablando del primo, dos semanas atrás estaba yo muy haciendo sándwiches cuando veo una cara que me resultaba familiar. En eso entra el petizo agrandado del jefe por otra puerta, grandote como nunca, pecho inflado y sonrisita de picante diciendo que Ma'a Nonu, un All Blacks estaba en su panadería. Claro, es el primo! me dije, y a mi que no me gustan esas cosas, pero justificado por estar una isla en medio del océano, puse la cara dura dura, agarre un fibrón negro y gastado que me robé por ahí y una bolsa de papel donde se meten los croissants y fui y le pedí un autógrafo para mi primo Joaquín. Ah, Argentina, Los Pumas me dijo. Si primo, gracias che.

Cocinas.
Pasa que las cocinas son como calles, como rutas, y sobre todo las que son muy concurridas. Y son tan así que es necesario señalizarlas, para que no ocurran accidentes. He estado en cocinas organizadas y concurridas, tanto, que había espejos en las esquinas y señales por todos lados.
Inconscientemente las personas para transitar usan sus instintos de manejo. Pero el problema de las cocinas es que además de concurridas también son internacionales, gente de muchas hablas transitan por ahí, cada una cumpliendo su tarea, entre medio de los olores, de los humos, de las sales, las pimientas, los gritos y los platos, los condimentos y los fuegos. Pero el embrollo se arma cuando cada uno, dependiendo de su país de origen, tiene instinto de manejar por la derecha, como la mayoría de los internacionales, o bien por la izquierda como los locales. Peligroso cuando circulamos con atestadas bandejas.

Hippies.
Y me gustaría hablar de tantas cosas... hasta de Pink Floyd, y de lo fácil que es la vida y de lo difícil que la hacemos.
Es tan sano y sublime dejar(se) fluir, con confianza, seguro. El piso siempre es acolchonado, nunca tan duro y áspero como tememos.
A veces tengo ataques de lucidez y entiendo, lo veo, está tan enfrente que lo puedo tocar pero nunca agarrar, no se puede guardar para asirlo en caso de necesidad, pero es tan claro cuando se ve, es tan fácil esta vida que se me pone la piel de gallina. Y entiendo esto y me lo repito una u otra vez, lento, despacito y sentido para recordarlo la próxima vez que ande por ahí, con miedos, con dudas. La vida es tan linda y disfrutable, el sol y Pink Floyd. Las guitarras y respirar.

Y hasta en la ciudad de Wellington hay hippies. De pelos largos, blancos y ondulados, porque mucha es gente grande, aquellos que subsistieron de los setenta, pero también los hay jóvenes, con los que comparten principios y pelos. Unidos como por un puente que saltea generaciones y oficinas. Hippies. Descalzos ellos, pisando texturas, hippies que siempre bailan, como respondiéndole a las guitarras, es tan hermosa mi ciudad y Pink Floyd.

Tsunami.
Pasó en Samoa. Samoa es una isla del pacifico que esta como a unos 3 mil kilómetros de nueva zelanda. Si bien en NZ no repercutió en absoluto, en Samoa fue desastroso. Todo comenzó con un terremoto zarpado que llevo al tsunami y provocó más de 100 muertos y miles de familias damnificadas.
Esto a su vez provocó dos terremotos en Sumatra, Indonesia que dejo más de 3000 personas sepultadas. Y después dos tifones que repercutieron en Filipinas y Vietnam.
El estar tan cerca de estos países, y sobre todo estar mucho mas relacionado por conocer gente nativa, o bien amigos que viajaron por allá, hace que las noticias sean aun más crudas y dolorosas.

Evacuación del museo.
Fui al museo de Wellington. Era domingo de tarde y estaba off.
Entré y deambule recorriendo. Era muy interesante, hablaba de la ciudad y de su historia, de cómo vivían antes, de calles de tierra y hasta de un barco hundido donde murió mucha gente, “The Wahine disaster”. Pasé algo más de hora y media bajo la luz tenue que ambientaba el museo. Salí por una puerta que daba a un ascensor externo, bajé y cuando salí del ascensor había dos puertas, una cerrada y la otra. Fui por la otra. Era de esas que apretás la barra a la altura de la cintura para que se abra. Apreté la barra a la altura de la cintura y se abrió. En ese mismo instante empezaron a sonar las alarmas de todo el museo. Era la puerta de emergencias para incendios. Mareado me metí al museo y todos corrían, claro había un supuesto incendio. El staff del museo evacuaba la gente, me camuflé con los evacuados simulando estar preocupado por mi seguridad y desaparecí. Perdón.

Fotos.
Y con sangre caliente y burbujas de a borbotones decidí hacer fotos para vender. Vamos a ver que pasa pensé en uno de los momentos, y con las fotos que venía sacando con mi cámara que tanto quiero, hice cuadros. Compré marcos, imprimí las fotos, robé clavos y me junté con algunas herramientas. Así lidié y las armé. Hablé con el petizo de Jean Louis de donde trabajo y en el salón de arriba colgué mis fotos. Se veían lindas. Puse tarjetas, me llamaron y vendí un par de ellas. Así que requete contento. Chocho.

Fepi.
Bueno, acá nada, solo compartir unos premios que gané con la agencia .JPG con los trabajos del año pasado en el FEPI (Festival Publicitario del Interior).
3 oros, 1 plata, dos menciones y un gran prix. Así que desde la distancia muy contento.
Van algunos links de los trabajos (hacer click en los nombres):
Diseño 1, Diseño 2, Diseño 3, Diseño 4
Tv notas.

Amigos.
Y las despedidas se apalean con tés calientes, con chocolate y con leños en el hogar, pero sobre todo con más abrazos a los que quedan. Como para sacarse ese gusto amargo. Que duele, que pincha. Para hacerlo mas llevadero, un poquitito mas leve, hasta que se asimile, de a poco.
Gracias por todo Ro, Tincho, Gordo, Tio, Nacho, Fanny, Aguse, Juampi, Coqui, Ceci, Carla, Marianus, Nico, Chelo, Cristian, Mike, Tano, Marce, Fede, Coty, Alvaro, Carla, buen viaje.



Nuevas fotos en el space: http://matiplanas.spaces.live.com/ Y algunas menos en Facebook.


Besos, abrazos, apretones y albricias.
desde los perejiles,
matias

Fe de erratas. En la linea 711 (o por ahi) dice: ..."Aguse, Juampi"... Donde debe decir ..."y a mis queridos amigos, Aguse El Que Me Enseño A Secar y Juampi El Que Me Tapaba Los Charcos. Ambos maravillosos porsupuesto."
(edición 28/10/09)





1 comentario:

  1. Antes que nada: Congrats por los premios y por la venta de tus fotos!!! Eres todo un pro, te admiro!!!
    Luego, no te metas con los Wallabies de Australia que probablemente, en un futuro cercano, sean mi equipo :P
    Y finalmente, no voy a comentar largo esta vez porque después no lo lees, jajaja!
    Sólo te dejo un BESO ENOOOORME y espero las fotos (y el próximo) con ansiedad!!
    Nunca me olvides, Champa!!

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