sábado, 4 de julio de 2009

Hola che 8 - 08 de junio 2009

Hola che 8.

Acá.
Aun en la isla.

Trabajo.
Bien. Ahora en el turno de la mañana. De 8 a 15hs. Aun con mi jefe Pascal, el chistoso, el que chista. Cambiante él. De muy buen humor o todo lo opuesto, y yo con el trabajo más duro: estar en la misma sintonía que el idiota (que en algún punto se parece a Quique).
Así que bueno, aun en el Simple Paris as diswasher. El trabajo de la mañana si bien tiene el mismo nombre del de la tarde es radicalmente diferente. Al comienzo de la mañana, cuando aun la gente sana duerme, yo corto panes y armo sándwiches. Otro trabajo de mierda en la isla. El que quiera Asia que le cueste y aunque no rime que se cague.
Así que haciendo sándwiches gourmet, de recetas zarpadas: Pan de zanahorias y sésamo, 25grs de berenjenas, 3 mitades de tomates semisecos, 3 anchoas, 20grs de queso Fetta de Francia y rucula. O bien, pan Tramezino, con mostaza con pimienta, huevo, tomate, panceta y mezcla de verdes. Otros con panes de acelga o minibaguettes, con quesos de los ricos, jamones, pollo ahumado o incluso camarones, hasta con roquefort y maníes. Gourmeteando.
La gente, salvo Pascal el bobo, es súper copada. Varios franceses, una alemana, una yanqui, un par de kiwis, algún argentino y muchos brasileros. De idiomas mezclados y variados. Siempre enseñando o bien aprendiendo puteadas imposibles de pronunciar. Mezclando palabras y frases como para tratar de entendernos. Siempre con un poco de cada idioma, como una receta, base de ingles, una pizca de francés, un toque de español mezclado con portugués, algo de alemán y señas a gusto.

Otra cosa. En mi trabajo hay rata/s. O bien un par de ellas, o bien una que es requeterapida. Así que, tratándose que es un restaurante francés y una rata anda dando vueltas por las ollas no pude evitar pensar soy parte de Ratatouille.
El otro día la vi pero me dio pena matarla. Pobrecita, solo quiere cocinar.

Me acabo de enterar hoy mismo que a partir de mañana hago el horario de la tarde de nuevo. Es una caca. Pasa que se bajó la producción de sándwiches y al parecer están tratando de ahorrar en salarios… Si, la crisis también llego a los confines del mundo. A la isla del medio del océano. Nadie esta excepto.
Noté un par de señales acerca de la crisis: Sección de empleo en el diario de menos paginas, el snack box de Kentucky Fried Chicken subió 50c, en el bar había un anuncio de suba de precios en los pescados congelados, gente que cada vez mas pronuncia algo así como “recession”, baja de cantidad horaria en trabajos de gente conocida, carteles en algunas ciudades pegados en las puertas que dicen algo así como “no hay mas trabajo, por favor no insista” y un mail de donde hago un curso de ingles diciendo que el gobierno le estaba sacando parte de subvención y que buscaban firmas…
(a esta peli me parece que ya la vi).


Ciudad.
Aun capital, aun Wellington. Aun vivo en la ciudad con el peor clima del universo, o casi. De lluvias copiosas, de esas de costado y también de vientos, también de costado. Ciudad de impermeables y rompevientos, de gorritos coya, en la que te sentís afortunado si vas en la misma dirección que el viento o el mas desdichado del mundo si tenes el viento en contra. Fría pero aun mágica; tan fría, tan mágica que me regalo una pequeña nevada, realmente pequeña pero suficiente para recordar lo sublime del vuelo de un copo de nieve. Ciudad con cosas de ciudad, hasta a veces con esporádicas sirenas deseosas de trabajar, ruidosas, gritonas. También de precoses atardeceres, de esos que se exhiben tan temprano como las 17hs. Aun así hermosa, pero nunca dócil, ay Wellington!, ciudad del mundo, pequeña pero exquisita.


Casa.
Acá vivo, en el edificio céntrico que ya casi se puede llamar comunidad. De siete departamentos y de los cuales cinco copados por argentinos. El seis (ex mi casa y cine), el siete (de las minitas estupidas), el tres (nuevo y casi insulso), el cuatro (siempre vivo y desordenado) y el uno (el tradicional, pionero y con internet legal). Casi una comunidad, siempre con las puertas abiertas y literalmente trabadas con una ojota, para que pase el que quiera, para tomar unos mates, compartir el bajón, robar algún comestible, sacar un poquito de aceite, charlar o usar el baño.
Siempre combinaciones de números, de parejas, de amistades, de aventuras, de comentarios y sillones compartidos. De horarios dispares, de cocinas siempre abiertas, de secretos. Del uno con el uno, del seis con el tres, del uno con el cuatro pero solo una vez, del cuatro con el siete pero también con el seis, seis con cuatro, cuatro con tres. Sudoku con todas las letras, con todos los números. La farolera y las calculadoras, los besos, los sillones, las matemáticas, los cómplices, las miradas, las cifras, las reuniones, las fiestas, los ábacos, los Fibonacci, y siempre muchas sumas.


All Blacks.
Tanto Haka, tanta pelotudez, tanto vendieron estos neocelandeses los All Blacks que me tuve que comprar la entrada. 20 de Junio All Blacks vs. France en el Westpac Stadium Wellington. Vamos la comunidad casi entera sumado a la gente del laburo, donde varios son franceses claro. Se me hace un poco esnob, un evento casi estereotipado pero bueno, no deja de ser atractivo igual.


Curso.
Tomo clases de ingles, pasa que necesito. De todas formas no son de ingles del posta posta sino que son de fonética, pasa que también necesito. Lo hago en la Wellington High School los jueves y somos alrededor de 20. Un iraqui, un francés, una alemana, una brasilera, una pareja de Turquía, un chino, una ponja, una cordobesa (¡), una croata, un par de serbia (serbos?), otros recónditos mas y yo. Ah, y el camboyano…
Somos un arco iris de pieles, un cúmulo de historias y culturas, de idiomas, de saberes, de infancias, de loros malhablados, un sinfín de ecos tratando de emitir una vocal en una nueva lengua prestada. Y también interesante, la diversidad esta ahí, expuesta en sonidos y caras, en formas de poner los labios, la lengua, los dientes, y porque al parecer hay gente de determinadas lenguas que no pueden reproducir determinados sonidos (y creo que soy uno de ellos).


El camboyano.
Si, de Camboya. País de templos. De religiones, de meditación, de túnicas.
Camboyano joven, quizás dueño de unos 22. Envuelto en una sola tunica algo naranja y muy dorada. Recubierto él mismo en piel marrón oscura, de cara redonda de compás, de labios obesos y gorro gris marca Flecha. Pesado, el hinchapelotas de la clase, el aparato. El dueño de las interrupciones y de los chistes idiotas. Despreocupado de su apariencia, claramente despreocupado, con zapatos negros y muy fuera de moda. Inocente en las banalidades, piola igual, al menos por los 20 primeros minutos. El camboyano.

Perro.
Y me sentí muy idiota hablándole en ingles a un perro.

Tomates.
Los domingos hay una feria. Es al lado del Te Papa Museum, ahí, donde hace viento, cerquita del puerto nomás. Totalmente preocupado y abatido por la suba del tomate fui. Pasa que el kg de tomates esta a ocho kiwis, una desdicha. Fui, era una feria, o supuestamente lo era pero como todo, lo es a su estilo. Era en un estacionamiento, un lugar relativamente amplio y demasiado limpio. Los puestos eran atendidos por chinitos, chinitos por aquí, chinitas por allá. Pero faltaba algo, eso que hace que una feria sea una feria. Faltaban gritos, faltaban ofertas de último momento, faltaban cáscaras en el piso, faltaban moscas y avispas, también abejas, faltaban precios especiales de vecino, faltaban vendedores con lápices en las orejas y libretitas en las manos, faltaban perros que rondaran, faltaba tanto. Esa no era una feria, no saben lo que son las ferias. A veces pienso que no saben lo que es la sangre, la desorganización, el color y tampoco las cáscaras.
Igual compre el tomate a 3,50.


Notas 1.
El que le interese leer mas giladas me manda un mail y lo agrego a la listilla. Se va a llamar Notas 1 y son temas variados, que se yo. Experimental.
Gracias por las respuestas de los hola che. Siempre bien recibidas y a veces mas que necesarias, gracias.

Nuevas fotos en el space: http://matiplanas.spaces.live.com/ Y en Facebook.

Besos, abrazos, apretones y albricias.
desde la isla,
matias





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