viernes, 23 de agosto de 2013
Hola ches 1. Australia. Agosto 2013
Bueno. Acá estamos.
Para los que no lo sepan, nuestro paradero actual es Melbourne. Si, la que queda en Australia.
Y con el sol espiándome detrás de las torres góticas de la Catedral y un pajarito justo detrás mío me dispongo a ordenar algunas letras. Después de 3 años de vivir en Buenos Aires nos dispusimos a empezar todo de nuevo. Y no es que todo sea demasiado fácil para nosotros como para tirar todo y empezar de nuevo, tampoco es que no hayamos tenido nada que perder como para empezar de cero. Quizás fueron, y son, las burbujas en la sangre. Como soda, o mas bien como Granadina, la sangre efervescente nos corrió por el cuerpo una vez mas, nos pidió adrenalina y estímulos nuevos. Nos pidió vida, sueños y viajes. Así tuvimos, una vez mas, que elegir. La vida son elecciones. Dejamos mil cosas con dolor y muchas con felicidad y nos aventuramos a cruzar el mundo una vez mas pero esta vez de a dos, y de la mano.
Y viajando como los caracoles, con la casa en la espalda, es que se vuelve a vivir la experiencia, el repetir de sentimientos, que en algún momento del pasado nos marcó la vida para siempre y que aún hoy buscamos casi adictos, la intensidad y la libertad.
Y así cambia todo cambia. Cambia el paisaje, cambian los horarios, cambian los condimentos, cambia los si y los no, cambia la gente y los trabajos, cambia la rutina y cambia la vida. Un poco de eso se trataba, no? De la vida, de los cambios y de las burbujas en la sangre.
Llegamos a Australia (y a Melbourne) el 4 de abril de este año. De ahí en mas subsiguieron mil cosas, o tres mil, (o incluso mas). Y creo que eso fue lo que esperábamos: muchas cosas. Algunas de ellas las traduzco a letras.
Melbourne es una ciudad con mayúsculas. Digamos entonces MELBOURNE. Ella es de una interculturalidad que parece infinita, incluso mas que la suma de cada uno de sus habitantes. Es algo que, al menos yo, no había visto en mi vida. Casi que es un punto de encuentro de las razas, (un living?). En un tren, un tranvía, un bus o en la misma calle, cada una de las razas están, y viven y caminan y respiran. Y cada una diferente. Con diferentes miradas, diferentes pensamientos, diferentes formas de caminar, diferentes olores. De ojos celestes, verdes, negros, marrones, profundos, alargados, circulares, pestañudos, pelados. Pareciese imposible que haya tanta cantidad de ojos diferentes. Los hay.
Melbourne es una ciudad hermosa como pocas. Interesante y misteriosa. Es fantástica, sabrosa y con un dejo de crueldad, propio de los países primermundistas.
Donde se vive el beneficio de lo nuevo y el dolor de lo ajeno (esto no se que significa ni que quise decir pero lo escribí en algún momento de lucidez así que por las dudas lo dejo).
De arboles suaves y peludos y de pájaros confiados y charlatanes. Melbourne es una ciudad de lo mas parecida a un queso Gruyere (si, el de los agujeros), le encanta hacer perder a la gente y asombrarla con cada rincón. Nunca se sabe que se puede encontrar a la vuelta de la esquina, o incluso a mitad de cuadra. Llena de galerías que atraviesan las manzanas e invitan a caminarlas, para salir a algún lugar de la ciudad para encontrar otro agujero con olor a queso (o curry, o frito, o café) para nuevamente entrar para nuevamente salir.
Trabajo.
Actualmente, y tras un drástico cambio de rumbo en la profesión, me encuentro desarrollando mis actividades laborales en un café italiano. Rodeado de la mafia de la pasta, vivo con pasión y vértigo la adrenalina de la cocina mientras vivo nuevas experiencias (y algunas no tanto). Aprendí que siempre hay que ser amigo del chef, aprendí que soy adicto al jamón crudo y que odio los cuchillos desafilados.
Así, cambié los vectores por las lechugas, el mouse por el cuchillo y los clicks por las lagrimas de la cebolla, pero mantengo los colores y las texturas. Y mientras que en un día de distracción en mi antigua vida pisaba un archivo, en esta vida me corto un dedo.
Y?, fuiste a trabajar distraído alguna vez?. Si, ya van como siete veces…
Pero sobre todo aprendí que la libertad se mide en rulos.
Y así, después de interactuar con una batería de tanos, entiendo nuestro origen. Le llamo: con las raíces en las narices.
Los tanos son como hermanos pienso. Ellos al parecer no.
Quizás después de propiciarle severos golpes a alguno que otro, admitiría a regañadientes: Ok, primos (y lejanos). Pero es cierto que las similitudes, la sangre, y el parentesco es mas que evidente. El revoleo de las manos, el volumen, las reacciones exageradas, el enojo como primera respuesta y la idiosincrasia en general, aseguro que le resultaría de lo mas familiar a la mayoría de mis compatriotas.
Footscray.
Footscray, es un barrio situado en el oeste de la ciudad de Melbourne. Ahí supimos vivir por 2 meses. (Ay papito. Que dos meses).
Es un barrio donde se conglomeran y autodiscriminan las minorías de la ciudad. No es racismo el motivo de estas líneas, es mas bien lo opuesto, un sincero y sublime interés casi antropológico.
Footscray, al parecer, funciona como un lugar donde se refugian las personas marginadas de una sociedad consumista, exigente y prohibitiva hasta el limite. Allí se encuentran todo tipo de borrachos, drogadictos, sintechos, locos, psicóticos, discapacitados, refugiados, y minorías étnicas varias que no pueden o no quieren adaptarse al sistema actual. Africanos de color negro (#000000), Vietnamitas e Indios gustosos del curry y de los masalas, dominan el área. Mas allá de la multiculturalidad evidente y particular del barrio, Footscray también es hogar de personas de lo mas peculiares y muchas de ellas, a juzgar por las caras, tristes.
Dicen que en Footscray anochece más temprano y que gusta de llover, pues también dicen que es el lugar preferido de las nubes. Que se juntan a tomar y luego mear sobre las tristes personas que deambulan sin destino por debajo. Por Footscray pasa el bus 220 (capitulo aparte) que a su vez funciona como vidriera y pasarela de persona(jes) de los mas interesantes:
Una señora con la cara desordenada, un ojo chueco y una mirada que parece observar sólo problemas, y además, dueña de un olor a tabaco que pelea el oxigeno a patadas. Una renga que pierde el colectivo a pesar de un desgarrador esfuerzo por alcanzarlo y un posterior insulto en algún extraño dialecto acompañado de un bastón agitándose en el aire. Un señor mayor y de peluda barba que huele a sopa a punto de derramarse que a su vez es victima del señor 2 que se sentó al lado, de gorra tan gastada que se le ve el cartón de la visera y que lo subyuga con preguntas retoricas en otro idioma.
Cerramos la serie con la nena de 5 años, India, marrón oscuro y bizca con lentes algo ovalados y muy circulares de pelo corto, que es casi tan fea como la madre y de una ternura y una belleza, al mismo tiempo, infinita.
En Footscray, también se encuentra la comunidad Africana. Ellos se juntan a tomar cafés(es) en su bar, como si sólo de eso se tratase la vida, a veces long black, a veces espresso pero siempre negro.
Ya viviendo en otro lugar pasé por Footscray para hacer unos tramites. Al salir de la casa, en mi barrio, había una suave brisa que me entibiaba los frondosos cachetes para hacerme sonreír feliz. Al bajarme del tren en Footscray, la misma tibia brisa era una tremenda ventolada que de repente se convirtió en huracán. Ya con los pies despegados por completo del suelo y las ropas haciendo ruidos a cuando uno sacude los manteles para sacar las migas, alcancé, en un ultimo y desesperanzado acto de salvación, a manotear una comunidad de chinos que venían de comprar noodles y algas.
Gracias comunidad asiática.
Momentos.
1. Sol apurado que se va a dormir antes de la cuenta y que, en su ir, se despide en los cientos de espejos de la city y también en los rieles de los tranvías, que con su torpeza de rinoceronte no dudan en pisar naranjas.
2. Y una noche de poros abiertos y percepción infinita busque sus ojos, y entre unas ramas de siluetas negras vi, un poco más alto, dos ojos prendidos (o ventanas de oficinas tardías), y le dije en voz alta: que linda que sos Melbourne.
3. Y juro haber vivido momentos inolvidables, haciendo bruscheta y lidiando con la albahaca mientras escuchábamos un compilado de Carlitos Bala con el chef indio de unas largas.
4. O aquella discusión acerca del “Chupacabras” con mi amigo el griego Peter.
5. Y un día nublado, a falta de amargos verdes, me crucé al supermercado, entré a la parte donde viven los vegetales y como no encontraba la Rúcula decidí preguntarle al muchacho que se encarga de tales cuestiones. Y podrido de tener que repetir me dije, esta la pronuncio como un campeón. Así fue:
Yo: Hi mate, Im looking for some Rocket.
El: … (cara de susto y asombro)
Yo: Do you know where can I find it?
El: (aun estupefacto), eee…
Yo: … (levantando las cejas)
El: Rocket?
Yo: Yes
El: eee…
Yo: ey man, I need some rocket to make a salad not a Nasa Rocket.
El: ahhhhhhhhhhh, ok, yes, is right there.
Palaso.
Tengo un amigo de Colombia. Requetemacanudo él aunque actualmente no está pasando un muy buen momento, y esto por un hecho de lo menos fortuito, el cual paso a contar.
El vive en un barrio algo alejado de la ciudad en una casa que está, digamos, en la cima de la loma. Aquel día, que en realidad aún era de noche, llegaba tarde a trabajar. Hecho por el cual decidió agarrar el monopatín y dirigirse a toda velocidad colina abajo para llegar a su trabajo de todos los días. Ahí iba, según cuenta él, muy veloz. Es mas, dice que se hacia chiquito para ser mas aerodinámico y así poder adquirir aun mas velocidad en la bajada. Ya cerca, casi llegando a una oscura intersección tuvo la mala suerte que se le cruzó un Posum (http://i175.photobucket.com/albums/w131/eddieb363/Possum79765x75-15-10800sign.jpg). Ante la evidente imposibilidad de frenar se dio por vencido y se entrego a la terrible colisión. Acto seguido, mi amigo requetemacanudoel vuela por el espacio aéreo a la vez que agita los brazos en un acto instintivo, esto no le sirve de nada y se estrella violentamente en el pavimento. Tal fue el golpe que el pobre se fisura su costilla derecha y en el mismo miserable momento, y debido al gran dolor, vomita repetidamente sobre el pavimento con el cual se estrelló.
Sin ser suficientes los efectos de semejante accidente, acude al doctor alegando mas dolencias. Al parecer, en el instante del golpe y debido a la gran fuerza que uno naturalmente hace, se hernió un testículo.
Hermano, que palazo.
La Toalla y el Charco de Aceite.
Juro que me la robaron.
Claro, en ese entonces vivía en Footscray (capitulo aparte). De tamaño ideal, liviana, de secado rápido, de microfibra, importada, europea, de valor sentimental y de color azul la deje colgada en la cuerda para que seque la pobre.
Al día siguiente la buscó pero en su lugar solo había aire. Como vivía en una casa con un patio cerrado, y aun no conocía el barrio, pensé en lo improbable de un robo.
Con la cara dura como pocas veces en la vida fui a tocarle la puerta al vecino. Me atendió John. A John le pregunté si había visto alguna toalla pasar volando, quizás el viento se la llevó dije.
John, después de algunas risas contenidas fue a buscarla a su patio donde no la encontró pero aprovechó y volvió con su mujer, también con risas contenidas a ver el espécimen que hablaba un dialecto algo extraño y preguntaba por toallas que vuelan. Mucho gusto en conocerte dijo en ingles irónico.
Imagen corporativa:
“La imagen corporativa se refiere a cómo se percibe una compañía. Típicamente, se diseña para ser atractiva al público, para poder provocar un interés entre los consumidores, cree hueco en su mente y facilite así ventas del producto. Esto incluye, sobre todo, las graficas de toda la empresa, como logotipo, folletos, sitios web, decoración de los locales, etc.”
El banco Commonwealth por ejemplo, del cual soy un feliz cliente, tiene colores corporativos AMARILLO y NEGRO (www.commbank.com.au). Con una identidad corporativa muy marcada, desde el logotipo hasta los folletos, pasando por la pagina web hasta los carteles en la calle, TODO es amarillo y negro.
Cada sucursal por ejemplo, está decorada con alfombras, carteles y fotografías enormes de color amarillas y negras. No olvidemos el detalle de los empleados: Chinos e Indios…
Me llama la atención:
La falta de perros de Rodado Medio, Medio/Grande y Grande. Serán ilegales pienso. Hablando de pichichos, me entere que les ponen un chip debajo de las orejas. Esto sirve por si La Perrera encuentra el pobre picho en la calle deambulando, lo escanea tipo supermercado y se fija en la base de datos quien es el dueño, lo llaman y listo. Ahora, si al pobre can no lo buscan en el termino de un mes lo matan. Posta.
La cantidad de personas discapacitadas, y que circulan en carritos.
La enorme cantidad de padres con sus hijos en las plazas (al parecer hay una especie de día de la madre constante).
La ridícula cantidad de Iglesias católicas seguidas en la misma cuadra. Quizás para tratar de evangelizarlo a uno con una repetición sistemática de estímulos religiosos. O quizás juntan las Iglesias, como las paltas, para que maduren.
220
El 220 es un colectivo que, como tantos, es un hijo de puta.
El muy culiado va desde Sunshine hasta Gardenvale pasando por Footscray.
Los choferes, parecieran empleados temporales en su primer día de trabajo. Eso sumado a que sus unidades son automáticas (como todo por este lado) hace que solo dispongan de dos pedales para jugar (acelerador y freno) lo que hace que el Chofer acelere, frene, acelere, frene, acelere, frene. Es lo mismo que viajar en una batidora, pienso.
A estos en Argentina se los garchan de parado, sigo pensando.
Hablando de recetas, acá va la receta del vomito.
Ingredientes: bus 220, indios, chinos, ingleses, indigentes y vieja nerviosa. Tomarse el 220 en cualquiera de sus paradas (no pagar el boleto). Dirigirse al sector de los indios y oler extensamente el aroma a curry. Una vez revuelto dar un pasito hacia los chinos sentados en la fila contigua, tres bocanadas amplias para saborear el olor a noodles. Sentir el acelere y frene constante del chofer inexperto. Bien, estamos cerca. Ahora, inhalar la ventisca de olor a cerveza que viene del rincón de los borrachos.
Estirando la punta de la nariz agregamos una mezcla de olor a sopa de indigente y un toque de olor a tabaco de la vieja nerviosa. Sentir el ultimo frenazo. Abra la ventana y vomite.
(Si no llegó y lo lanzo arriba de su compañero no importa, que le hace una mancha mas al tigre).
El otro día me tomo el 220 y dirigiéndome a casa me dedico a mirar la gente rebotar, me hace acordar cuando jugaba a los flippers.
Se sube una Africana de las mas negras de África. Es alta, delgada, de mediana edad y con algo raro en el pelo (seguro que eran trenzas). Se sienta con su amiga también oscura en los últimos asientos. La estudio. “Parece que anduvimos de compras” me digo a mi mismo. Trae un bolso de mano y otro un poco mas grande que deja en el suelo, lo miro curioso y sin sorpresa veo que es un cubrecama nuevesito con motivo animal print leopardo. Nostalgia?
El mundo todo.
Sentir (o saber) que el mundo es un pañuelo es una sensación hermosa, quizás mas que una sensación sea una revelación, un momento de lucidez. De esos que nos alegran, que nos cuentan que la vida es mucho pero mucho mas fácil y posible de lo que parece. El mundo no es un pañuelo, es enorme e interminable, eso lo sabemos, pero lo que no sabemos es que es mucho mas accesible de lo que solemos pensar. Y juro que en esos momentos de sentir que el mundo es un pañuelo SABEMOS que somos capaces de todo, cualquier cosa es posible. Los limites solo están en los surcos de nuestro cerebro. Incluso los de la libertad.
Salú.
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